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Hay un error que empieza a ser demasiado frecuente: considerar que hablar de ética es hablar sólo de derechos y deberes; y que hacerlo de ética aplicada es hablar de dilemas o, como mucho, de los problemas que a veces plantea la puesta en práctica de los derechos y deberes. Esta preeminencia y a veces absolutismo de la deontología, provoca el olvido de otras expresiones de la ética, la cual cosa supone no sólo un empobrecimiento de la condición humana, sino también un peligro.

De las tres grandes maneras de concebir la ética, el autor considera que la primacía de la ética prescrita y de la ética reflexiva ahogan la tercera forma de entenderla: la que hace referencia a la manera de ser y de estar en el mundo y con los demás.

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© Joan Canimas Brugué
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