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En nuestra época ya no es posible eludir nuestra responsabilidad en la construcción moral que posibilita relacionarnos y vivir con los demás y con el entorno. Es por esa razón que la ética aplicada no puede mantenerse alejada de los servicios sociales y de la acción educativa. Mientras que en otros ámbitos (de la política, la medicina, la biología, las tecnologías, la empresa, de nuestra relación con los animales o el territorio…) afloran multitud de problemáticas morales fruto del despliegue y el ejercicio de los valores fundamentales, en los servicios sociales y la acción educativa muchos de ellos ni siquiera se han planteado y cuando se hace, los usuarios y los profesionales no disponen de mecanismos ni de respuestas reflexivas adecuadas que orienten su acción.

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27 de abril de 2018
© Joan Canimas Brugué
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